Software de gestión para recetarios magistrales.

Gestión que conecta, tecnología que acompaña.

Tu Magistral ordena el recorrido completo de una receta magistral, desde que entra hasta que el paciente la tiene en la mano: cotización, preparación, control de calidad, entrega y el registro de cada paso. Un solo lugar para todo tu equipo, y una respuesta clara cada vez que alguien pregunta en qué va un pedido.

Hecho en Chile, para recetarios chilenos.

El trabajo está bien hecho. Reconstruirlo después es lo que cuesta.

Un recetario magistral hace todos los días algo que no se puede improvisar: preparar una fórmula distinta para cada paciente, en el plazo que se prometió y sin equivocarse. Eso, en general, sale bien. El problema aparece después, cuando hay que responder preguntas simples sobre lo que ya pasó.

  • «¿En qué va este pedido?» La respuesta vive en la cabeza de quien lo preparó, o en un cuaderno que está en la otra sala.
  • «¿Quién hizo este cambio y cuándo?» No queda registro, así que la conversación termina apoyada en la memoria de alguien.
  • «¿Dónde están los datos de este paciente?» Repartidos entre planillas, correos y conversaciones sueltas, sin cifrar y sin control de quién los vio.
  • «¿Cuánto nos costó preparar esto?» Se estima. Casi nunca se sabe.

Ninguna de esas preguntas se resuelve con más disciplina, porque el equipo ya está haciendo lo que puede. Se resuelven cuando el sistema que se usa todos los días va dejando el registro solo, sin que nadie tenga que detenerse a escribirlo.

Cómo funciona: el ciclo completo de una receta.

Tu Magistral no es un cotizador con cosas alrededor. Es el recorrido entero, de la puerta a la puerta, con un estado claro en cada tramo y sin pasos que dependan de que alguien se acuerde. Y cuando el tratamiento tiene varias entregas, el recorrido vuelve a empezar solo.

Antes de preparar

  1. Ingreso

    La receta entra por donde llegue: el paciente la envía desde su teléfono, la farmacia con convenio la carga, o alguien del equipo la digita en el mostrador. Queda la imagen de la receta, no solo lo que alguien transcribió.

  2. Cotización

    Se arma sobre tu catálogo, con el precio que corresponde al convenio y al canal. Sale al paciente con un enlace propio, y si hay que rectificarla queda versionada: se ve qué cambió y por qué.

  3. Preproducción

    Lo que está pagado baja solo a la planificación, agrupado por la fecha de entrega comprometida. Nadie tiene que revisar una lista para descubrir qué toca preparar mañana.

Dentro de producción

  1. Recepción

    Un preparado entra a producción cuando alguien lo escanea. Antes de ese gesto no está adentro, y el sistema no finge que sí: la diferencia entre «debería estar» y «está» deja de ser una suposición.

  2. Producción

    El tablero muestra en qué tramo va cada preparado, con su responsable y su fecha objetivo. Responder «¿en qué va este pedido?» deja de depender de encontrar a la persona que lo preparó.

  3. Salida con control de calidad

    Para salir hay que escanear otra vez. Si el pedido va a despacho y todavía no tiene su orden de transporte, no sale: el control no es un recordatorio, es una puerta.

Después de producir

  1. Entrega

    Retiro en el local, despacho a domicilio, punto de retiro del courier o moto. Cada entrega lleva su propio estado y su propio seguimiento, incluso cuando un mismo tratamiento tiene varias a lo largo de los meses.

  2. Cierre

    La entrega confirmada cierra el pedido sola. Nadie tiene que acordarse de marcarlo, y por eso el conteo de pedidos abiertos vuelve a significar algo.

Para quién es.

El recetario es quien contrata y quien usa el sistema completo. Las farmacias y los pacientes entran por su propia puerta, y cada una ve exactamente lo que le corresponde.

Recetarios magistrales

Es para lo que está hecho. El ciclo completo de la receta, con un estado por pedido y por entrega, tratamientos de varias entregas que se reagendan sin rehacer nada, y un registro automático de cada movimiento: quién, qué y cuándo.

Los convenios, las listas de precios y los márgenes se administran desde un solo lugar, y cada rol del equipo ve solo la parte que le toca.

Farmacias con convenio

Cotizar un preparado magistral sin llamar por teléfono y sin quedarse esperando mientras el paciente decide irse a otra parte.

Cada convenio tiene su propia lista de precios, y la farmacia configura su margen: el recetario no lo ve, y la farmacia tampoco ve el del recetario.

Pacientes

Un portal donde el paciente sigue su pedido paso a paso, revisa la receta que envió y ve sus tratamientos agrupados por principio activo, con el médico que corresponde a cada uno.

También puede descargar todo lo que tenemos de él y borrar su cuenta cuando quiera, sin pedirle permiso a nadie.

Cargar mi receta Seguir mi pedido

Alma lee la receta. Quien decide sigue siendo tu equipo.

Cuando llega una receta —una foto tomada con el teléfono del paciente, o un documento que trae la farmacia—, Alma la interpreta: reconoce los principios activos, la forma farmacéutica, la concentración y la cantidad, y arma una propuesta de cotización sobre tu catálogo y tus precios.

Y ahí se detiene. La propuesta queda en pantalla para que una persona la revise, la corrija si hace falta y la apruebe. Nada llega al paciente sin que alguien de tu equipo haya dicho que sí.

Cuando el equipo corrige a Alma, esa corrección se queda. No es un modelo genérico opinando sobre farmacia magistral: es tu catálogo enseñándole cómo cotizas tú.

En marcha blanca

Evaluación farmacéutica asistida

Estamos poniendo en marcha un apoyo a la evaluación farmacéutica: reunir en una sola pantalla los antecedentes que el químico farmacéutico necesita mirar antes de aprobar un preparado, y dejar constancia de quién revisó y cuándo.

Está en marcha blanca con un recetario y se activa uno por uno, a su ritmo. La evaluación y la firma siguen siendo de una persona con título: el sistema ordena y registra, no decide.

Conectado con lo que ya usas.

Un sistema que obliga a copiar y pegar entre pantallas no ordena nada: mueve el desorden de lugar.

Transporte

Cada envío queda enlazado a su orden de transporte y el estado se actualiza solo mientras el paquete se mueve, sin que nadie tenga que ir a consultar el número. Si hay que corregir o anular una orden, se hace desde el sistema.

También quedan disponibles los puntos de retiro del courier, con la cobertura por comuna al día.

Pagos en línea

El pago del paciente se cruza automáticamente con su pedido y el comprobante queda adjunto en la ficha. Nadie tiene que conciliar a mano ni buscar la transferencia en la cartola del banco.

Correo al paciente

Cotización lista, pago confirmado, cambios en el pedido, entrega en camino: cada correo sale del sistema y queda anotado en la línea de tiempo del pedido.

Así siempre se sabe qué se le dijo al paciente y cuándo, incluso meses después y aunque la persona que lo escribió ya no esté.

Planillas

El catálogo y las listas de precios entran y salen en Excel, que es donde ya viven hoy.

Importar no borra lo que no viene en la planilla: una celda vacía se entiende como «esto no cambia», nunca como «bórralo».

Gestión que conecta,
tecnología que acompaña.

La medicina nació siendo personal. Los boticarios no fabricaban para las masas — preparaban soluciones exactas para cada paciente. Hoy, en medio de un boom de tratamientos únicos, el proceso se volvió frío y desconectado. Existimos para devolverle esa humanidad al proceso, a través de la tecnología.

«La receta magistral es personal.
La gestión que la respalda, también debería serlo.»

Preguntas frecuentes.

Las que aparecen siempre en la primera reunión, respondidas como las respondemos ahí.

¿Es seguro tener los datos de mis pacientes en la nube?
Cada recetario ve solo lo suyo, y el aislamiento se aplica en la base de datos, no en la pantalla: no depende de que una consulta esté bien escrita. Los accesos son nominativos y por rol, la sesión se cierra sola por inactividad, y las recetas viven en almacenamiento privado con enlaces que vencen. Construimos con la Ley 21.719 a la vista desde el primer día. El cumplimiento, eso sí, es compartido: nosotros ponemos las herramientas y los registros, y tú defines quién de tu equipo accede a qué.
No tengo tiempo para implementar otro sistema.
Es la objeción correcta, y por eso la puesta en marcha no empieza pidiéndote que cambies tu operación. Se parte por el tramo que más duele —casi siempre el ingreso de recetas y la cotización— y el resto del ciclo se enciende cuando el equipo ya está cómodo. El catálogo y las listas de precios entran desde la planilla que ya tienes, sin volver a digitar nada.
Mi equipo técnico no es digital, no lo va a usar.
Las pantallas de producción están hechas justamente para eso: pocos botones, letra grande y solo lo que hace falta en ese momento. Además, buena parte del trabajo diario no es escribir sino escanear. El preparado entra a producción y sale de ella pasando un código de barras, que es un gesto que se aprende en un minuto y que deja el registro solo.
Ya tenemos Control Magistral. ¿Por qué cambiar?
Control Magistral tiene años de rodaje y eso vale. La comparación honesta no es «mejor o peor», son hechos que puedes verificar en una demo con tus propios datos: si el paciente puede seguir su pedido sin llamar, si una entrega de un tratamiento largo se reagenda sin rehacer el pedido completo, si cada cambio queda registrado con nombre y hora sin que nadie lo escriba, y cuánto tarda hoy tu equipo en responder una cotización. Si tu sistema actual responde bien esas cuatro, no tienes por qué cambiarte.
¿Cuánto cuesta?
Nuestro modelo de cobro es un 1,5% sobre la venta. En la primera conversación revisamos cómo se aplica a tu operación y resolvemos tus dudas sobre la puesta en marcha.
¿El sistema hace la evaluación farmacéutica por el químico farmacéutico?
No. Y no es una limitación pendiente de resolver, es una decisión. El sistema reúne los antecedentes, muestra lo que hay que mirar y deja constancia de quién revisó y cuándo. La evaluación la firma una persona con título, siempre. Lo mismo vale para la cotización asistida: Alma propone, alguien de tu equipo aprueba.

Conversemos.

Cuéntanos qué te complica hoy en tu recetario y conversemos sobre cómo ayudarte con esa operación.

Te respondemos con una persona, no con una secuencia automatizada. Tus datos se usan solo para esta conversación — cómo los tratamos.